El Horno
Villanueva de Argecilla tuvo un horno comunitario hoy desaparecido, el único con el que contaba la localidad. No obstante, el nombre de una calle de la localidad con este mismo denominativo me hace sospechar que en el pasado pudo existir otro. El edificio del horno era el que hoy ocupa el hogar del jubilado de la localidad. Tras varias décadas sin uso alguno, se decidió utilizar ese local para crear el hogar del jubilado. Hoy en día algunos vecinos lamentan su no preservación y su pérdida. El edificio del horno era muy espartano y tenía como mobiliario únicamente tres elementos: una mesa de madera y dos máquinas, de accionamiento humano, una para amasar y expandir la masa y otra para refinar la masa. La máquina refinadora tenía dos rodillos interiores dentro del balde de madera que permitían mediante el accionamiento de la gran rueda metálica refinar la masa. Seguidamente la masa se dividía en porciones y se dejaba fermentar sobre la mesa de madera. Encender el horno y hacerle alcanzar la temperatura idónea de cocción tenía su truquillo y algunos miembros masculinos de las familias se habían especializado en dicha tarea, mientras que las mujeres estaban más especializadas en la elaboración de las diferentes masas a cocer.
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| Máquina para refinar la masa del horno de Villanueva. |
Al fondo del edificio y ubicado a media altura se encontraba el horno de piedra. Funcionaba con gavillas de leña de encina fina. Una vez que la leña ardía y se generaban las brasas el horno alcanzaba la temperatura adecuada para la cocción. Las brasas se retiraban a un lado dentro del horno y con una pala de madera larga se introducían los elementos a cocer. Se elaboraban en él panes a partir de masa madre fermentada cada 8 días. La levadura necesaria para su fermentación venía en pastillas (había 3 marcas diferentes) que se podían adquirir en comercios de Jadraque (la tienda Domenech era una de ellas). También como mínimo una vez al año se cocía en el horno toda la bollería para la fiesta del pueblo: bollos de aceite, galletas, magdalenas y tortas de chicharrones. Cada vez que se usaba el horno el pueblo entero olía a lo que se hubiese cocido en él. En los domicilios se elaboraban además las tradicionales rosquillas fritas. Para conservar el pan durante 8 días hasta la siguiente hornada este era introducido en tinajas para su mejor conservación hasta el momento de consumirlo.
La panadería Boni de Jadraque llegó a un acuerdo individual con la mayor parte de las familias de la localidad para abastecerlas de servicio de pan redondo candeal. El acuerdo entró en servicio hacia 1958 y permitió disponer de pan candeal redondo recién hecho cada dos días. Los panes redondos de kilo se servían a la localidad mediante caballerías, transportados a lomos de estas, dentro de un serón. Lloviendo, nevando, hiciese frio o calor Santiago Benito Sanz (miembro de panadería Boni y gran persona) servía el pan.
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| Santiago Benito Sanz |
Hay que tener en cuenta que la comunicación con Jadraque en aquel entonces lo era por un camino muy empinado no apto para vehículos. Mi agradecimiento por ello a dicha panadería por haber hecho más llevadera la vida de mis paisanos. Se subía el pan un día sí y otro no. Solo servía pan a la localidad dicha panadería. El acuerdo entre los vecinos y la panadería para el servicio de pan era el siguiente: se trabajaba en especie en todas las etapas y siguiendo el conocido procedimiento de La Maquila. Los vecinos llevaban su mejor trigo a la fábrica de harinas de Jadraque para su molienda. Ésta confeccionaba un vale o tarjeta por el peso de la harina molida descontando ya su parte de ganancia. Después la panadería Boni retiraba la harina de la fábrica y recogía los vales o tarjetas correspondientes al peso de la harina retirada. Del 100 por ciento de la harina la panadería Boni se quedaba el 25 por ciento como pago por su trabajo en la elaboración y distribución del pan. El horno de unos 5 metros de diámetro funcionaba tanto con leña fina (la más utilizada) como gruesa y disponía de unas baldosas refractarías especiales que venían desde Barcelona. Para encenderlo primero se introducían en el mismo unas 6 gavillas de leña fina y se prendía fuego. Cuando la leña había combustionado y se habían formado las brasas, se retiraban a un lado mediante un útil tirabrasas. Después se barría el suelo mediante un palo largo al que se habían atado sacos humedecidos en el extremo. Permitía cocer hasta 100 panes de kg de una vez. El pan confeccionado en panadería Boni se elaboraba a partir de masa madre, muy natural. En cada jornada cocían alrededor de 250 kg de harina como mucho. Para elaborar su masa utilizaban harina, agua, algo de la masa del día anterior y un poco de levadura artificial. El pan se dejaba fermentar 2 horas antes de introducirlo al horno. En uno de los extremos interiores del horno había un receptáculo lleno de tornillos que con las brasas y el funcionamiento del mismo alcanzaban temperaturas muy altas. Los gases expulsados resultantes de las altas temperaturas ascendían por una tubería y por ella se introducía también agua que al contacto con la tornillería incandescente producía vapor de agua. Este vapor le confería a los panes un dorado especial. Para mejorar todavía más su presentación a los panes recién sacados del horno se les daba con un cepillo unas pasadas con agua fría adquiriendo un brillo espectacular. La panadería Boni subió el pan a Villanueva hasta el año 1969, año en el que Santiago Benito consiguió lograr un mejor medio de vida para él y su familia.
El servicio de pan en Villanueva no quedó interrumpido ya que la panadería El Marús tomo el relevo llevando el pan mediante un camión durante varias décadas. Una larga pitada de ida y vuelta por la calle Real era el reclamo para acudir a comprar el pan. El camión quedaba estacionado en el centro de dicha calle y el pan se adquiría mediante abono en metálico del producto. Esta panadería sigue distribuyendo pan a la localidad en la actualidad mediante furgonetas de reparto.
Manuel Andrés


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