Las caleras de los montes

En Villanueva de Argecilla persisten todavía en sus montes las cicatrices de 2 caleras en aceptable estado de conservación y de una tercera más desconocida y de menor entidad que las anteriores. El objetivo de este artículo es el de darlas a conocer y lograr su puesta en valor, como parte de los quehaceres del pasado. Estas caleras estuvieron en funcionamiento hasta mediados del siglo pasado y durante siglos la cal extraída de las mismas, fue la única argamasa o mortero disponible para la construcción y el encalado de las fachadas de las viviendas. Una familia de la localidad trabajaba en la producción de cal, siguiendo con la profesión heredada de sus antepasados.

Plano de ubicación de las dos caleras principales.

La calera nº 1 se encuentra ubicada junto a la fuente principal y lavaderos de la localidad. Basta con tomar la senda que se dirige desde los lavaderos hasta la casa del monte y a unos pocos metros, en la primera curva de ésta, nos encontraremos con la primera calera (coordenadas GPS 40.908836, -2.918315)

Calera nº 1.

Calera nº 1.


La calera nº 2 se encuentra junto al camino de Valdellantas. Éste sale de la carretera de Villanueva de Argecilla a Jadraque y empieza justo nada más finalizar los corrales de la izquierda de la carretera. En el camino unos pocos metros después del fin de un vallado, a la izquierda, tenemos la segunda calera (coordenadas GPS 40.906440, -2.921460). Desde el comienzo del camino hasta la calera hay 500 metros de distancia.

Calera nº 2.

Calera nº 2.


ELABORACIÓN DE LA CAL

Lo primero que debo decir a este respecto es que la elaboración de la cal era un trabajo muy duro, como casi todos los trabajos físicos de su época. Las jornadas de trabajo eran de sol a sol. Lo primero que había que hacer era construir la Calera, que después se reutilizaría para sucesivas hornadas. Para ello se elegía en primer lugar el emplazamiento de la misma, en el caso de Villanueva, dentro del monte para facilitar la disponibilidad de material combustible para el proceso, puesto que el otro elemento material necesario, la piedra caliza, se encontraba por todas partes. La construcción de la Calera (en el caso de Villanueva, ésta era de dimensiones considerables) se llevaba a cabo trazando un agujero circular en el suelo, de un diámetro aproximado de unos 6 a 7 metros a golpe de pico y barreno, ya que el suelo de la zona era totalmente calizo. El agujero en cuestión alcanzaba una profundidad considerable de unos 8 metros o más. El momento ideal para fabricar la cal era cuando las temperaturas eran más suaves, en primavera y en otoño, huyendo en la medida de lo posible del invierno o del verano por el rigor climático.

Después las piedras calizas eran acarreadas hasta el lugar mediante caballerías y carros. A este respecto debo mencionar el accidente que ocurrió una vez, al aproximar más de la cuenta, el carro cargado de piedras al borde del agujero y que provocó que se precipitaran en él tanto el carro, como las caballerías de arrastre unidas a éste. Las piedras eran colocadas apoyadas en las paredes del agujero, Poco a poco, piedra a piedra, hilera a hilera, se levantaban las paredes formando una falsa bóveda interior cuya seguridad no estaba garantizada hasta el cierre total de la misma. Después se colocaban encima el resto de las piedras hasta obtener una cúpula con la altura deseada y dejando un hueco a modo de boca o puerta para los trabajos de carga y vaciado. A través de dicho agujero se introducía la leña o material combustible y una vez preparada, era el momento de encenderla. La base de la estructura, bajo la repisa sobre la que empezaba la colocación de las piedras, se denominaba cenicero, por ser la zona en la que se prendía fuego y se acumulaban las brasas y las cenizas generadas en el proceso. A medida que las cenizas se acumulaban se hacía necesario su extracción de la Calera para que no interfirieran en el proceso.

CAL  VIVA

El calero, a través de la boca del horno, introducía en el interior manojos o gavillas de aliagas  por ser éstas un material muy inflamable. También se utilizaba la leña fina de encina por ser el elemento combustible más abundante en la zona. El objetivo perseguido era lograr que hubiera mucha llama, pero pocas brasas. El encendido se llevaba a cabo a primera hora de la mañana con el fin de disponer de todo el día para controlar el fuego y llevar la calcinación de la piedra a su punto óptimo. La alimentación del horno debía ser continua y uniforme para que la temperatura fuera subiendo progresivamente. A medida que la temperatura aumentaba las piedras iban migrando su color a uno más blanquecino.

La acción continuada del fuego conseguía que las piedras calizas desprendiesen toda su humedad, provocando como consecuencia una gran humareda. En este proceso también se desprende anhídrido carbónico y se produce óxido de cal, que es lo que llamamos “cal viva”. Para ello se requería que el calero estuviera alimentando el fuego de la calera durante tres días, con sus respectivas noches, de forma ininterrumpida. El producto resultante machacado y triturado constituía lo que se conoce como cal viva.

CAL  APAGADA

Cuando las piedras alcanzaban cierta temperatura e incluso las llamas del fuego asomaban por el exterior de la cúpula, significaba que el horno había alcanzado ya la temperatura de 900 o 1000 grados, el punto ideal de calcinación. Ahora lo único que había que hacer era mantener esa temperatura el tiempo necesario. El color blanco posterior de las piedras indicaba que el proceso de cocción necesario se había alcanzado. En este momento se cerraba la boca del horno con losas de piedra o tierra, así como cualquier respiradero, y se dejaba enfriar lentamente durante dos o tres días.

El proceso de elaboración de cal concluía retirando todas y cada una de las piedras de la estructura. En muchas ocasiones, dicha estructura se venía abajo durante este periodo de enfriamiento, siendo ésta una buena señal de que la piedra se ha cocido óptimamente. Las piedras ahora pesarán poco y se romperán con facilidad. Un golpe seco sobre ellas hacía que éstas se redujeran a trozos de menor tamaño, estando ya listas para su utilización. 

Al introducir las piedras calcinadas en agua (proceso conocido como matar la cal) el contacto entre ambos elementos hacía que la piedra caliza se desintegrase formando una pasta o “cal apagada” que podía utilizarse como argamasa o mortero en la construcción directamente, o bien mezclada con arena u otro material como tierra. La proporción más común era 2 partes de arena o tierra y una de cal. En el proceso se produce un burbujeo (como si el agua cociera) y se desprende calor. Éste último uso de la cal ha sido reemplazado actualmente por el cemento. En el caso de su uso para encalado de fachadas se diluía en una mayor proporción de agua para que el producto resultante tuviese la consistencia debida para su aplicación. También se utilizaba la cal para desinfectar estancias y para proteger arboles de insectos, debido a su poder caustico y desinfectante.

El almacenamiento de las piedras obtenidas del proceso se lleva a cabo en recipientes herméticos impidiendo que pudiese entrar la humedad. Si deseas ver un vídeo de todo el proceso de fabricación de la cal de manera artesanal pulsa sobre el siguiente enlace e Hilario te embelesará con su sabiduría y buen hacer.

Manuel Andrés

P.D: Disfruta, respeta, no perturbes el entorno y llévate tu basura.

Comentarios

  1. Desde luego los trabajos que tenían nuestros padres y abuelos eran de un físico agotador y este de calero no se queda atrás, hacer la calera ,llenarla de piedras y proveerla de madera para tres días no es ninguna tontería.
    Ya tengo la teoría aprendida, no sé si la pondré algún día en práctica !!!

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